Las Violencias de Chile

La Violencia se Auto-perpetua : Realidad en Chile

Dra. Muriel Halpern Psiquiatra Infantil y del Adolescente Magíster Psicología Clínica Infanto-Juvenil Universidad de Chile

En relación con la violencia en Chile, es necesario constatar lo siguiente: Ser una niña o un niño expuesto a violencia es nefasto para el desarrollo personal y la evolución hacia daño en la salud mental. Ser un adolescente expuesto a violencia puede ser costumbre que satura la información policial. Ser un adulto expuesto a violencia puede ser noticia trágica, por lo que es perentorio evitar que llegue a este nivel la historia. Las formas que adoptan la conducta violenta pueden variar, pero el fondo es el mismo: existen diversos niveles de dificultad para sentir dolor ante el dolor que sienten los otros y se encuentran comprometidos muchos sistemas regulatorios, tanto individuales como sociales y culturales. La falla en este sentimiento puede generar actos de crueldad. También, es fracaso de la empatía y corrupción de las emociones felices, amorosas y sanas. La crueldad y la falla de la empatía son componentes del comportamiento violento. Pero también lo son, como en un ciclo sin fin, los procesos de estrés en el cual el cerebro en desarrollo, por lo tanto, la mente en desarrollo, se afectan, modificando la capacidad de resistencia ante la adversidad, desregulando sistemas homeostáticos internos que pueden conducir a que por ejemplo, un exceso de cortisol en la sangre altere diversas estructuras relacionadas con la ansiedad y la memoria autobiográfica. Este mismo estrés, cuando proviene del ambiente inmediato en que crecen los niños, puede activar la transcripción de genes que aumentan la vulnerabilidad al mismo estrés y que junto con lo anterior, puede conducir a la depresión, y, eventualmente al suicidio, lo que se transformará en otra experiencia violenta y terrorífica de ser vivida. Este es un ciclo de violencia asociado a la tristeza y la postergación, como también a la falla del cuidado. Hay niños reales que en el mundo real crecen expuestos, por ejemplo, a violencia en sus casas. Ellos experimentan una acumulación de trauma; algunos sobrellevarán esta carga, y serán resilientes. Otra proporción no. Este grupo, repetirá el comportamiento de dominio y sumisión, ya sea con sus pares en la escuela, ya sea con la autoridad, ya sea en el ambiente social amplio, en que se mantendrán cadenas de dominio y sumisión pues la conducta violenta se hace parte de un modo social y puede asociarse a un status social. La profundidad que tiene la violencia es grande y puede mostrarse abierta o encubierta, vil o silenciosa, y francamente, da lo mismo pues ambas son perniciosas para la salud mental de las personas. Recientemente fue publicado el documento “Diagnóstico de la delincuencia y la violencia en Chile” elaborado por Fundación Paz Cuidadana y el BID, donde se señala que “las denuncias por violencia doméstica se duplicaron en los últimos 10 años”. Por otra parte, la Encuesta Nacional de Victimización por Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales (MISP, julio 2013) reportó que un “75,1% de niños, niñas y adolescentes declararon haber sido víctimas de violencia o maltrato alguna vez en su vida por al menos uno de los padres o quienes cumplen su rol, siendo la violencia psicológica el tipo de violencia más recurrente (69,5%)”. En este mismo reporte, se accede a la información que arrojó la Tercera Encuesta Nacional de Violencia en el Ámbito Escolar (2009), la cual registró que un “10,6% de los alumnos ha sido agredido y un 6,4% declaró ser agresor.” En este mismo estudio no se reportaron diferencias significativas para las escuelas municipales, subvencionados o particulares. Lamentablemente, los datos también informan que aumentaron las agresiones más graves, es decir, comportamientos violentos hacia pares donde existió ataque sexual, uso de armas y haber sido víctima de robo/hurto, aunque también señala que descendieron los malos tratos psicológicos. Habrá que revisar de qué forma han sido medidos estos malos tratos, puesto que es difícil pensar que habiendo aumentado los comportamientos que se pueden clasificar como delitos, no haya sucedido lo mismo con respecto a lo que se produce en las relaciones interpersonales en un determinado contexto. Otra encuesta reportó que “insultos, burlas y peleas serían las conductas de agresión más frecuentes, encontrándose a continuación las amenazas y al final de la lista las agresiones con armas blancas y armas de fuego”(MINEDUC 2011). Las cifras son amargas, provocan rabia, vergüenza y miedo. Se relacionan estrechamente con malos indicadores de salud mental, con mayor frecuencia de trastornos psiquiátricos asociados, con muerte precoz en la juventud y con herencias malditas de soledad, prejuicios y segregación social. Construir las intervenciones multisistémicas en la sociedad chilena y enfocada hacia el desarrollo infantil es una emergencia. Es resistir con una visión de esperanza al miedo y la destrucción, pues al ejecutar acciones que estén basadas en la promoción y la prevención de la violencia es intervenir sobre las relaciones humanas saludables, sobre el predominio de la razón y no de la fuerza y para que las mentes de nuestros niños y adolescentes, potencien lo mejor, sean responsables y respetuosas y lleguemos finalmente a disfrutar, la paz y la confianza en un país equitativo y democrático.

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